Por
Humberto Macías Navarro,
enero de 2002.
http://www.tij.uia.mx/~humberto
Las tareas, ejercicios, investigaciones, reflexiones y ensayos son prácticas imprescindibles para que los alumnos pasen de meramente “entender” el discurso del profesor, a realmente comprender y apropiarse el conocimiento y habilidades que la educación desea que ellos desarrollen.
Los fraudes y plagios de ciertos alumnos en sus trabajos y tareas académicas es un problema muy grave en nuestra universidad y el resto de instituciones educativas del país. Impide el aprendizaje del alumno, crea la falsa imagen de aprovechamiento y multiplica el esfuerzo, en vano, del profesor.
Las modalidades de esta corrupción varían con el tiempo y los recursos tecnológicos disponibles. Como los alumnos tienen mayor acceso y manejo de la tecnología de la información, estamos en desventaja en el empeño que los trabajos realmente representen el aprendizaje deseado.
Es posible que con esta práctica no deseada ellos sí aprendan, pero no precisamente lo planteado en el curso. Conforme obtengan calificaciones vacías y vayan avanzando en el curso de su carrera, van aprendiendo a obtener socialmente los satisfactores que desean, mediante artimañas y engaños. Si así sucede todo nuestro esfuerzo magisterial será en vano, y la universidad no aportará “hombres y mujeres para los demás”, sino “que viven de los demás”.
Plagio de trabajos, completos o
fracciones, de otros alumnos en
periodos anteriores.
Trabajos que no coinciden con las
especificaciones pedidas, por haber tenido un origen ajeno, y presentados a
última hora alegando “no haber entendido” las instrucciones.
Maquila de trabajos, encargados a terceros.
Plagio de secciones de textos de fuentes
anónimas, maquilladas para ajustarse al estilo de redacción del estudiante. La
construcción de estos trabajos resulta muy difícil de identificar.
Revisar todo
el material del trabajo presentado.
Si se encargan más tareas de las que se puede humanamente revisar, no es de
sorprender que rellenen con avemarías la prosa de un ensayo. El placer que
puede producir un “gol” de estos es adictivo.
La motivación por revisar, y regresar (con múltiples notas, comentarios,
sugerencias, reacciones y complicidades) sus trabajos a los alumnos no puede
surgir solamente del deseo de no hacer el ridículo. Yo encuentro realmente
placentera esta forma de diálogo con los alumnos. Si se sienten escuchados, los
alumnos, empezarán a hablar por ellos mismos…
Conocer a los alumnos lo más profundamente
posible.
No se trata de sospechas indiscriminadas, sino conocer su estilo, intereses,
recursos y habilidades humanas. De tal manera será posible reconocer el autor
de una tarea, aunque el alumno hubiera olvidado escribir su nombre.
Conocer a fondo las fuentes de información,
antes que los alumnos.
Conociendo las corrientes de pensamiento y terminología de los autores más
destacados en la materia, es posible encontrar posibles fuentes, no declaradas,
de información. También será posible encontrar inconsistencias en los conceptos
y tratamientos, en el caso de que algún alumno construyera un “Frankenstein”
teórico. Es muy difícil ser experto en todo, pero al menos en nuestra clase,
tenemos que estar muy familiarizados con el terreno y actualizados en su
dinámica.
Manejar la tecnología de información un paso adelante que
ellos.
Esto puede parecer especialmente difícil, puesto que nacimos en un mundo distinto. Pero el
universo de la hiper-información se generó del mismo mundo que nosotros,
y con la misma lógica. Perder el tiempo en conseguir habilidad
“mecánica”, redundará en muchísimo tiempo ahorrado en deslizar el lápiz rojo.
La mayoría de los fraudes académicos podemos imaginarlos nosotros mismos, antes
que ellos, si comprendemos este mundo mecanizado. La
Tecnofobia no es una opción para los profesores.
Personalizar el contenido de los trabajos,
relacionándolos con
temas de actualidad.
De esta manera será difícil que un trabajo vuelva a aparecer semestres después.
Si conservo una copia de las
entregas más singulares (ya sea por su calidad, excentricidad o que destaque
por su técnica de fraude...) será menos necesario depender sólo de la memoria,
además de ser un argumento físico que evita largas y penosas discusiones.
Hacer la investigación/trabajo antes que ellos, en la biblioteca común,
en Internet, con los profesores expertos.
Ello nos permite medir si es posible conseguir la información
adecuada y el fruto deseado, y aparte, reconocer un material familiar, reproducido sin proceso inteligente por parte
de algún alumno. Si no se plantea un objetivo o meta imposible, es más probable
que las entregas de los alumnos sean originales y auténticas.
Instrucciones muy claras y precisas.
Para que haya libertad en el contenido, los
alumnos necesitan una estructura muy específica
para realizarlo. A veces invierten más tiempo en ingeniar cómo NO HACER el trabajo, que el requerido por el
ejercicio mismo. Si la estructura es muy
clara, y congruentemente firme, podrán explotar su imaginación, no en
brincarse deportivamente las trancas, sino en llenar de contenido personalizando la retícula planteada.
Si se define vagamente el tema o tratamiento a desarrollar, cualquier texto al
alcance puede tentar al alumno para salir del paso, plagiándolo.
Ahí la responsabilidad es nuestra. La
planeación y definición de las actividades y cursos no es optativa. Si hacemos
como que trabajamos, ellos harán como
que hacen la tarea. Y todos seremos unos perfectos ignorantes con diez de
calificación. Listos para salir en las estadísticas de la UNESCO.
Pedir síntesis
de comprensión, más que información en extenso.
Es más difícil, e implica mayor aprendizaje, generar una síntesis breve y
concisa en la cual se identifican todos los elementos esenciales del tema a
comprender, que hojas y hojas de información indiscriminada que pasó de la base
de datos al papel, sin pasar por los ojos y cerebro del alumno. También puede
ser muy provechoso plantear el trabajo en un lenguaje distinto del usado por
la información original. La síntesis y representación gráfica de una teoría
filosófica puede ser un ejemplo de un proceso “multimedia” que dificulte el
plagio y fomente el auto-procesamiento y apropiación del conocimiento. La
información dispersa puebla por toneladas nuestra cultura contemporánea. Las
síntesis comprensivas, precisas, complexivas, a la medida de los objetivos del
curso, son pepitas de oro difíciles de hallar, e imposibles de plagiar.
Programar los trabajos con tiempo
suficiente y pedir adelantos para realimentación y control.
Devolver un documento para que sea corregido no debe dejarse para la tesis
(para entonces es tarde...). La cultura de reformular y perfeccionar es
doblemente educativa: en contenido y disciplina intelectual. Las computadoras
nos permiten ahora mandar recordatorios automáticos de la entrega y sus
especificaciones. Si el producto final no tiene que ver con las entregas
previas, hay necesidad de una entrevista con el alumno. Puede que no sea
indecisión adolescente.
Requerir firmemente honestidad y transparencia.
Es imposible que no usen material de otros (sería renunciar a la cultura
misma). Sin embargo deben ir construyendo la costumbre de declarar, situar, dar
formato distinto, citar la fuente y sobretodo, aprovechar
el material para fundamentar el discurso personal. El ejemplo, en este caso, es
contagioso.
Prever los casos de fraude y las
consecuencias que deben afrontar si sucede.
Parte de la educación es ser responsable de las propias decisiones. Un plagio no es accidental. Si no hay
congruencia entre lo planteado y lo practicado, el alumno relativiza el
discurso del profesor y la escuela, aprendiendo en los hechos que “todo se vale
mientras no se descubra, ni se hable de ello”.
Tampoco es congruente que los alumnos consigan negociar en las postrimerías la
calificación que no obtuvieron en el aula durante el semestre. A veces cedemos
por cansancio y parece insignificante, pero resulta muy injusto con el resto de
alumnos y con el propio esfuerzo. Si no respetamos nuestro trabajo y
planteamientos iniciales, aceptando trabajos extemporáneos o fraudulentos y
ruegos de “postemporada”, ellos serán los primeros en perdernos el
respeto como personas. Lo digo por experiencia…
En cualquier caso de duda sobre la autenticidad de un trabajo, es bueno buscar las fuentes ocultas. Algunos puntos indicadores, después de variadas experiencias, son:
Revisar todo el material.
1. Leer
todo el material.
Corregir ortografía, comentar, anotar etc. Es decir, “dialogarlo”
personalizadamente.
Preguntar directamente sobre detalles del trabajo. Es difícil que una madre no
conozca los detalles pormenores de su
bebé.
2. Revisar
y visitar las fuentes declaradas de información.
Debe ser fuente de la información, pero notarse el proceso inteligente por
parte del alumno.
3. La
continuidad y unidad son importantes.
Es ambiguo. Si no están presentes estas características, o falta mucha
habilidad del alumno por desarrollar (en caso de ser auténtico) o son evidentes
las costuras de un “Frankenstein académico”.
4. Debe
tener todas las partes requeridas, en la estructura indicada.
Un alumno genial puede brincarse este requisito, pero será evidente su
capacidad desde el principio de curso.
Sospechar si se notan detalles incongruentes
1. Palabras y caló y/o frases fuera de contexto.
Es una clave muy importante. Una buena búsqueda avanzada en
Internet puede factiblemente arrojar la fuente original.
2. Citas y referencias que no aparecen por ningún lado.
3. Cambios en el estilo de redacción, ortografía etc.
4. Información y comentarios no pedidos y que no vienen al caso.
5. Códigos, botones, copyrights etc. que no se justifican.
6. Desproporción
entre el tiempo de preparación y la extensión-desarrollo de su trabajo.
Es dudoso un escrito de cuarenta páginas realizado en una tarde, así como un
proyecto semestral con simpleza caricaturesca. Los que maquilan trabajos no
siempre se enteran de todos los detalles que “requieren” sus clientes (no son
hermanas de la caridad). Muchas veces los escritos son copias modificadas de
sus propios trabajos, o es muy reconocible su estilo de construcción de ideas.
Platicar con el alumno que posiblemente haya
plagiado material
1. Mostrando
las evidencias que hacen dudoso su trabajo.
La sinceridad de sus explicaciones debe ser notable. Algunos prefieren
delimitar lo que sí es auténtico de su obra. Puede ser enojosa la situación (lo
cortés... ni sale sobrando).
2. Buscar
trabajos similares en los sitios de monografías y apuntes compartidos de
Internet.
Bien utilizados son excelentes herramientas, pero con prisa o pereza son fuente
de trabajos gratuitos y bien “peinados”, aunque también fáciles de localizar.
Aquí algunos de ellos en español.
a. El rincón del vago (http://www.rincondelvago.com/)
b. Unamosapuntes (varias sedes y espejos en diferentes países)
c. Apuntes21 (http://www.apuntes21.com/)
d. Monografías.com (http://www.monografias.com/)
e. Etc.
Evaluar con más elementos que la evidencia
física y la extensión del trabajo.
3. Congruencia entre lo demostrado en exámenes del mismo tema, contrastándolo con lo logrado en el trabajo.
4. Invitar al alumno a preparar una exposición espontánea sobre el tema de su entrega, para aprovechar la erudición que muestra en el papel.
5. Pedir que explique el fundamento de su razonamiento con mayor detalle.
6. Que profundice y complete su trabajo, sobre la misma línea que ha desarrollado.
El presente escrito no intenta una
confrontación, ni cacería de aprendices
de brujos. Son ideas y experiencias desarrolladas desde la práctica (y
el cansancio, en ciertos casos repetitivos). Por supuesto que la confianza
optimista en la otra persona es primero. Cuando falla evidentemente ésta, es
necesario prever qué se puede hacer para aprendizaje y responsabilidad mutua.
En cuanto desarrollemos formas de evitar estos
fraudes, es posible que se desarrollen nuevas formas. Sin pánico, será bueno
conocerlas y tratar de evitarlas, en lo posible y humano.
La colaboración y comunicación entre
profesores, con afán de construir una ecología
de desarrollo personalizado para sus alumnos (no de escarnio ni
satanización de alumnos) es imprescindible para evitar los dieces huecos, los diplomas de plástico y los taxistas con
doctorado.
La profesionalización del docente, pero sobretodo
la pasión por su materia y por el florecimiento humanizante de sus alumnos, es
el factor que más puede influir en contagiar de sana curiosidad y actividad a
los alumnos. Como efecto secundario, los fraudes y plagios irán desapareciendo
(hasta que llegue la siguiente generación, porque es el cuento de...).
Mientras esa cultura de vivir intensamente el
proceso de enseñanza-aprendizaje empiece
a notarse y contagiarse, es bueno explicitar, clara, congruente y
firmemente las reglas que garanticen la dignidad humana de profesor y alumnos en el curso. La
honestidad y transparencia en los trabajos (al pedirlos y entregarlos) son
parte de ese mutuo respeto.
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